ETERNOS PRESENTÓ
DAS ICH EN BS. AS.
TEATRO EMPIRE 30.11.06
El color rojo suele representar fuego,
sangre, guerra, energía, fortaleza, determinación,
valor, coraje, pasión, sensibilidad, deseo, amor…
Connotaciones de un tono que tanto Stefan Ackermann como
Bruno Kramm se han apropiado y han compartido con nosotros
el 30 de noviembre pasado, cuando el escenario del Teatro
Empire se tiñó de rojo y de Das Ich.
Fueron casi dos horas de un concierto
inolvidable e intenso, en el cual Das Ich nos hizo entrar
en su mundo oscuro, donde Dios está muerto, la
naturaleza humana queda al descubierto, la religión
es el hombre, la misantropía y el nihilismo son
monedas de una sola cara… Un todo compacto que no
dejó detalles de lado: vestuario, estética
impactante, peinados particulares, bailes, muecas, melodías
pegadizas y un idioma –el alemán- que ya
nos pertenece por adopción.
El teatro, con su estilo art decó
de finales de los años ‘20, fue el marco
ideal para que presentaran su “Cabaret”. El
público no pudo soportar ni un minuto sentado en
las butacas. Ni bien se apagaron las luces de la sala,
todos se pusieron de pie y hubo un extenso aplauso a modo
de bienvenida.
Si bien no trajeron consigo los clásicos
soportes de teclado móviles y el soporte de micrófono
de los engranajes, las luces –en especial las rojas-
y su presencia fueron más que suficiente para una
mise en scène impecable.
A medida que Stefan, vocalista y frontman
de la banda, desplegaba todo su histrionismo sobre las
tablas, en el aire flotaba ese efecto raro que causa una
actuación dramática en los espectadores,
al suscitar y purificar las emociones. Era un fauno arengando
al público a someterse a un rito apocalíptico.
En tanto, el teclado de Kramm liberaba sonidos corrosivos.
Al compás de los beats, no paraba de gritar el
nombre de nuestra tierra y de cruzar miradas cómplices
con el tercer integrante de la banda en vivo (Ringo),
quien tuvo el peso de reemplazar al histórico Kain
Gabriel Simon. Y superó ampliamente las expectativas
de todos.
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